Desde el 19 de julio de 2026, el Reglamento europeo sobre diseño ecológico para productos sostenibles prohíbe a las grandes empresas destruir determinadas prendas, accesorios de vestir y calzado que no se hayan vendido. La medida intenta evitar que productos nuevos terminen como residuo sin haber sido utilizados.

La norma es importante, pero su alcance se ha simplificado demasiado en algunos titulares. No se aplica por igual a todas las empresas ni elimina cualquier posible destrucción. Estas son las claves que conviene conocer.

Qué productos y empresas están afectados

El artículo 25 y el anexo VII del Reglamento (UE) 2024/1781 incluyen prendas y complementos de vestir y calzado. La prohibición se aplica desde julio de 2026 a las grandes empresas.

Las microempresas y pequeñas empresas están excluidas de esta obligación. Para las empresas medianas, la aplicación está prevista a partir del 19 de julio de 2030. Por tanto, no es correcto afirmar que desde 2026 ninguna tienda europea pueda destruir jamás una prenda.

Existen excepciones justificadas

La Comisión Europea ha concretado supuestos en los que la destrucción puede permitirse, por ejemplo cuando existen razones de salud o seguridad, daños que no pueden repararse razonablemente, productos no aptos para su finalidad, falsificaciones o casos en los que otra opción ocasionaría un impacto ambiental mayor.

Estas excepciones no convierten la prohibición en voluntaria: deben responder a circunstancias definidas y quedar sujetas a control. La intención es que destruir no sea la salida rutinaria para gestionar excedentes o devoluciones.

Transparencia sobre lo que no se vende

El reglamento también obliga a determinados operadores a publicar información sobre los productos de consumo no vendidos que descartan: cantidades, motivos y destino dentro de la jerarquía de residuos. La Comisión ha establecido un formato común para facilitar la comparación y supervisión.

Esta transparencia importa porque permite distinguir entre preparación para reutilización, reciclaje, recuperación energética y eliminación. No todas esas salidas conservan el mismo valor del producto.

Qué alternativas fomenta la norma

La Comisión señala opciones como mejorar la gestión de existencias y devoluciones, reventa, reparación, remanufactura, donación y reutilización. En una prenda en buen estado, mantenerla como producto suele conservar más valor que triturarla para recuperar parte de sus fibras.

Eso no significa que todo excedente vaya a llegar automáticamente a tiendas de segunda mano ni que los precios vayan a bajar de inmediato. Cada empresa deberá reorganizar sus canales y cumplir las reglas aplicables a seguridad, fiscalidad y consumo.

El pasaporte digital no llega de golpe

El mismo marco europeo crea el pasaporte digital de producto: una forma estandarizada de vincular información sobre materiales, reparabilidad, durabilidad u otros requisitos que se definan para cada grupo de productos. El reglamento establece el marco, pero los datos concretos y el calendario del textil dependen de normas posteriores.

Por eso no debe presentarse como una etiqueta completa que ya acompañe a toda la ropa en 2026. Su desarrollo será progresivo y específico por categorías.

Qué cambia para quien compra segunda mano

A corto plazo, el efecto más importante es cultural y empresarial: la reutilización deja de ser una opción marginal y pasa a formar parte explícita de la política europea de producto. Para el consumidor, sigue siendo necesario revisar estado, composición, medidas y posibilidad de reparación.

En Rastro Ripollet trabajamos con piezas que ya existen y describimos el estado de cada artículo del catálogo. Elegir reutilización cuando cubre una necesidad ayuda a mantener el producto en uso; no hace falta esperar al pasaporte digital para empezar a comprar con información y criterio.

Fuentes primarias: Reglamento (UE) 2024/1781, especialmente artículos 24 y 25 y anexo VII; Comisión Europea, medidas sobre ropa y calzado no vendidos, 9 de febrero de 2026.